23 de octubre, 2004-primavera 2005
La más reciente instalación de arte europeo del siglo XIX y XX de la colección del Museo, explora los dos
enfoques predominantes en la representación pictórica que guiaron, y frecuentemente dividieron, a los
artistas a lo largo del siglo: la línea y el color.
Estas dos corrientes principales que dominaron a la pintura francesa durante la primera mitad del siglo XIX,
pueden verse en la obra de Jean-Auguste-Dominique Ingres y su contemporáneo Eugène Delacroix. Ingres, el
dibujante, con sus modelos idealizados y colores sobrios, era visto como el heredero del clacisismo. Delacroix,
el colorista, con sus colores brillantes y pincelada atrevida, encarnó el romanticismo y era considerado un modernista.
Para mediados del siglo XIX, un mayor número de pintoresaquellos alineados al color y pincelada de
Delacroixretaron profundamente a la corriente establecida del arte al introducir técnicas innovadoras y
temática nueva.
La idea del predominio del color y sus posibilidades expresivas subsecuentemente se esparcieron a lo largo
de Europa, particularmente entre los posimpresionistas a finales del siglo XIX y los expresionistas alemanes
a principios del siglo XX. La línea resurgió en el ámbito de la vanguardia a inicios del siglo XX con la
geometría y colorido sobrio de los cubistas.